De viaje con mi hija de 17 meses sin pantallas

Un viaje para mí ha sido siempre un momento de alegría, emoción a veces un poco de miedo o ansiedad (depende del viaje), pero en general lo he vivido como una aventura imperdible.

Desde que mi hija Ada estaba en la panza hablamos con mi pareja de la forma en la que queríamos llevar la crianza y las "reglas" que queríamos utilizar. Una de las que teníamos mas claras era: No pantallas al menos los primeros dos años (y esperamos que puedan ser más).

Esto no quiere decir que las madres y familias que deciden darle pantallas a sus hijxs estén equivocados, este articulo es simplemente para contarte mi experiencia, darte ideas si estas viviendo un momento similar y acompañarte compartiendo.

Así que vamos allá, ¿Cómo fue el viaje sin pantallas, viajando con una bebé de 17 meses?

Pues la verdad mucho mejor de lo que pensaba.

No se si te pasa que desde que eres madre te imaginas todo mas catastrófico de lo que de verdad es o será.

A mí me pasa mucho, inicio a imaginarme que Ada (mi hija) llora o que no le doy lo que necesita o que no puedo con todo. Puede que sea yo la melodramática o puede que simplemente como madres nos enfocamos siempre en el bienestar de nuestras criaturas y por esto estamos siempre pensando en lo peor que puede pasar para solucionarlo ANTES de que pase (no sabría la respuesta)

Entre todos esos pensamientos que me adelantaban catástrofes, la vida me recordó que no todo se puede controlar, y que a veces lo inesperado puede ser también hermoso. Así fue nuestro viaje.

Nos acompañaron los stickers, los libros, las canciones inventadas en el momento, los paseos por los pasillos, los snacks estratégicos y, sobre todo, mucha paciencia (de esa que parece que no tienes, pero aparece cuando más la necesitas).

Algo que realmente me salvó fue el porteo. Tener a Ada cerquita de mí no solo me dio paz, también permitió que sus rutinas de sueño no se perdieran en medio del ajetreo del viaje. Dormía como si estuviéramos en casa, sintiendo mi calor y mi movimiento, y eso me quitó un gran peso de encima.

También descubrí que ayuda muchísimo:

  • llevar siempre algún objeto familiar (su mantita, un peluche, algo que huela a casa),

  • organizar una “bolsita de sorpresas” con cosas pequeñas que pueda descubrir de a poco,

  • y no olvidar que la flexibilidad es nuestra mejor aliada. Porque sí, los planes cambian, las horas no son exactas y a veces toca improvisar.

  • Botiquín natural siempre a mano.

Creo que lo más valioso que me quedó de este viaje es recordarme que Ada no necesita que yo lo haga todo perfecto, sino que esté ahí: presente, disponible, con paciencia y amor. Pero también con mis momentos de desesperación, cansancio y sintiendo que no me queda mas creatividad. Al final soy madre pero también soy humana.

Volvimos cansados, claro, pero con el corazón lleno de esas pequeñas victorias que nadie aplaude, pero que como madres sabemos lo grandes que son. Porque viajar sin pantallas, con una bebé de 17 meses, no solo fue posible… también fue bonito.

Si quieres compartir tu experiencia o tienes preguntas estoy y estamos aquí. Está comunidad es para sentirnos acompañadas y que nuestros procesos sean mas fáciles.

Te abrazo,

Natalia

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